Fausto

Fausto

Más que la anécdota dramática de un pacto con el diablo, Fausto enseña el poder seductor, la tentación disfrazada de virtud que el mal ejerce para desviar el camino. La universalidad de la obra radica en el desarrollo profundo del conflicto interior que todo hombre lleva dentro: la lucha infinita entre el bien y el mal, razón e imaginación. El doctor Fausto vende por un plazo determinado su alma al diablo, y lo hace porque tiene un espíritu curioso, mundano, libertino, que lo aleja de la cómoda racionalidad. Es decir, el doctor posee sed de mundo, y esto se traduce también en un deseo insólito de conocimiento. Esta dualidad acompañará el pensamiento de Goethe, que terminará aceptando la presencia de fuerzas, la fantasía, el caos, el espíritu maligno, pero siempre desde la óptica de la razón: la moral, Dios y el bien. En esta contradicción teológica y demasiado humana, Fausto es una obra maestra, una gran reflexión de la eterna insatisfacción del hombre, que en situaciones extremas busca el placer ilimitado a cambio de entregar su voluntad y destino.