El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla

El drama aparece dividido en dos distintos planos que coinciden pero no se funden: el plano realista de la comedia «de capa y espada» y el fantástico-simbólico del «autosacramental». La rapidez casi abstracta de la acción y las situaciones convencionales en el esquematismo de las figuras novelísticas e histriónicas definen la obra en un clima de farsa que desemboca casi de improviso en final de misterio. Aun así, el personaje de don Juan tiene un carácter concreto y una psicología fija pero bien dibujada, donde el símbolo queda ensombrecido por la misma intensidad de la sensualidad inagotable que hace de don Juan un mito, el mito de la potencia demoníaca de la carne que se rebela contra Dios. Y en esta condición de símbolo traduce una realidad; en esta íntima dualidad dramática se busca la universalidad de don Juan y su inagotable fecundidad poética.